¡Saca las palomitas! Este jueves, el viceprimer ministro chino, He Lifeng, tuvo una videollamada con el secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, y el representante comercial, Jamieson Greer. Según la cadena estatal china CCTV, fue una charla “franca, profunda y constructiva”, que suena más a terapia de pareja que a negociación internacional.
China no se guardó nada y expresó su “profunda preocupación” por las recientes medidas comerciales restrictivas de EE. UU., como si fueran restricciones de datos en un plan de celular. Aun así, ambos lados acordaron reforzar consensos, manejar diferencias y cooperar, aunque suene a promesa de Año Nuevo que nadie cumple. La última vez que este trío se vio las caras fue en marzo, en París, probablemente con croissants de por medio. Esta vez, la pantalla fue el campo de batalla.
La llamada, destinada a “resolver cuestiones económicas y comerciales de interés mutuo”, llega semanas antes de la cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping a mediados de mayo. Tras una tregua comercial inestable en octubre en Busan, Corea del Sur, después de meses de una guerra de aranceles estilo “Día de la Liberación” de Trump, las tensiones persisten. Washington limita envíos de herramientas a fabricantes de chips chinos, mientras Pekín juega sus cartas con medidas que podrían dejar a EE. UU. buscando proveedores como quien busca Wi-Fi gratis.
A pesar del drama energético y geopolítico por la guerra con Irán, los lazos entre Pekín y Washington están más o menos tranquilos antes de la cumbre. Ambas partes dicen querer “relaciones económicas estables y sostenibles”, pero con tantas restricciones cruzadas, esto parece más un reality show de comercio que una alianza. ¿Habrá final feliz o solo más episodios de esta telenovela?