¡Alemania le declara la guerra al azúcar! Este miércoles, el gobierno aprobó un paquete de reformas sanitarias que incluye un impuesto a las bebidas azucaradas a partir de 2028. El objetivo es claro: combatir el aumento de la obesidad y aliviar la presión sobre el sistema sanitario. ¿Adiós a los refrescos baratos?
Se espera que este recargo genere 450 millones de euros anuales, unos 527 millones de dólares, que se destinarán a programas de prevención de enfermedades y promoción de la salud. Aunque los detalles, como la tasa exacta del impuesto, aún están en debate, la medida ya tiene detractores. El lobby de la industria azucarera alemana salió al ataque, argumentando que encarecer el azúcar no ha reducido el sobrepeso en ningún país. Parece que no quieren soltar el dulce negocio tan fácilmente.
La iniciativa sigue las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, que pide a los países subir un 50% los precios de bebidas azucaradas, alcohol y tabaco en la próxima década mediante impuestos. No están solos: más de 100 países ya gravan estas bebidas. Reino Unido, pionero con un impuesto similar hace diez años, lo extendió recientemente a bebidas lácteas envasadas. Estudios en Reino Unido y México muestran que estas medidas pueden cortar el consumo de azúcar y prevenir males como la diabetes.
En Alemania, una encuesta de Forsa de febrero reveló que el 60% de los ciudadanos apoya este gravamen. Con respaldo público y de todos los partidos, la propuesta espera la luz verde del Parlamento. ¿Será este el fin de las tardes de refresco sin culpa o solo un trago amargo para la industria? El debate está más caliente que un café sin azúcar.