El Banco de México decidió que la economía mexicana necesita más café y menos optimismo descontrolado. En su informe del 27 de mayo, recortó la estimación puntual del PIB para 2026 hasta 1.1 por ciento, un ajuste que suena a quien revisa el presupuesto familiar después de que el refrigerador se comió el sueldo entero.
El nuevo intervalo para 2026 quedó entre 0.5 y 1.7 por ciento, más estrecho que el rango anterior de 1.0 a 2.2 por ciento. La causa principal fue un primer trimestre que llegó más flaco de lo previsto, como si la actividad económica hubiera decidido hacer dieta sin avisar. Para 2027, en cambio, Banxico elevó ligeramente su estimación puntual a 2.1 por ciento, con un margen entre 1.3 y 2.9 por ciento. La institución explicó que la debilidad inicial se compensa solo en parte con mejores expectativas para el segundo y tercer trimestre, impulsadas por una demanda externa superior a la anticipada.
El ajuste contrasta con la proyección previa de 1.6 por ciento para 2026. Banxico mantiene la idea de un ritmo moderado de expansión en el resto de la trayectoria, como quien conduce un coche que avanzó más lento de lo esperado pero ya vio el semáforo en verde más adelante.
Al final, los pronósticos económicos siguen pareciéndose a las predicciones del clima: útiles hasta que llega la siguiente sorpresa.