La Secretaría de Economía anunció el 29 de mayo el cierre de la primera ronda formal de revisión del T-MEC con un resultado que, según los involucrados, dejó a todos con cara de haber ganado la rifa sin comprar boleto. Los encuentros con la Representación Comercial de Estados Unidos se realizaron en Ciudad de México entre el 27 y el 29 de mayo en un ambiente descrito como constructivo, lo que en lenguaje diplomático significa que nadie tiró la mesa ni se fue antes del café.
Los equipos enfocaron sus esfuerzos en fortalecer la competitividad regional, un objetivo tan claro como competir en una carrera de caracoles contra Asia y otras regiones del mundo. Marcelo Ebrard llegó con una posición sólida respaldada por treinta mesas de diálogo realizadas en 2025 con sectores productivos, un número que suena menos a negociación y más a maratón de paciencia burocrática convertida en ventaja estratégica.
Las prioridades incluyeron generar certidumbre para la inversión y preservar empleos del sector exportador, mientras ambas delegaciones buscaban acuerdos que beneficien a trabajadores, industria y consumidores de los tres países. A través de un video, Ebrard detalló los temas de integración y entendimiento mutuo, dejando claro que el calendario y los asuntos de las próximas rondas ya quedaron pactados sin necesidad de dramatismos de telenovela.
Al final, el encuentro demostró que México puede discutir con Washington sin convertir cada frase en un pleito de cantina, un logro que en el mundo de las negociaciones comerciales equivale a salir de una reunión con todos los bolígrafos intactos.