En un giro que solo en la Ciudad de México se puede convertir en escándalo, Clara Brugada confirmó que las obras de renovación del Metro para el Mundial 2026 arrancaron con retraso. La jefa de Gobierno explicó que esperó hasta tener garantizados los recursos antes de mover un solo tornillo, evitando el clásico error de empezar sin fondos y quedar en obra negra eterna.
Las críticas ciudadanas, muchas teñidas de oportunismo político, señalaron la pausa como prueba de ineficiencia. Sin embargo, el enfoque fue distinto: primero seguridad estructural, después imagen. Solo un tercio del presupuesto se destinó a estética; el resto fue a mantenimiento profundo que nadie ve pero todos usan. Héctor Ulises García, secretario de Movilidad, resumió la prioridad: “Nos metimos a que pudiera funcionar adecuadamente”. Las cuadrillas trabajan apenas cuatro horas nocturnas, de 10 p.m. a 4 a.m., para no cerrar veinte estaciones y dejar a millones varados. En cualquier otra ciudad, el servicio se habría suspendido por completo.
Claudia Sheinbaum respaldó la gestión de Brugada durante su conferencia matutina y calificó las objeciones de “ilegítimas”, recordando que muchas provienen de quienes prefieren el escándalo antes que reconocer el esfuerzo histórico por modernizar la red. Mañana se publicarán detalles de las intervenciones en cerca de dieciséis estaciones, con énfasis en la Línea 2.
El resultado es un Metro que avanza sin afectar el servicio diario, listo para recibir al Mundial 2026 con infraestructura sólida. Las quejas, al final, parecen más ruido de fondo que problema real.