Claudia Sheinbaum publicó el 8 de junio un decreto en el Diario Oficial de la Federación que organiza el 11 de junio de 2026 como si la Ciudad de México fuera un estadio gigante con reglas claras. El objetivo es que la inauguración de la Copa Mundial transcurra con menos tráfico, más seguridad y menos caos que un partido de amateurs en lluvia.
El documento obliga a dependencias federales en la capital a usar teletrabajo o esquemas flexibles, salvo salud, seguridad, transporte y energía. El sector privado recibe solo una recomendación para actividades no esenciales, mientras que escuelas públicas y privadas suspenderán clases. Todo se pagará con presupuestos ya aprobados, sin pedir un peso extra al erario.
Los bloqueos de la CNTE en el Centro Histórico, que exigen aumentos salariales y la derogación de la ley de pensiones, quedaron como telón de fondo. El gobierno respondió con propuestas concretas: nuevo mecanismo de plazas y una aseguradora pública para jubilados. Martí Batres calculó que cancelar la ley costaría el 20 por ciento del PIB, cifra que el Ejecutivo considera simplemente imposible. Los comerciantes reportan pérdidas por 642,5 millones de pesos, pero el decreto prioriza que el partido México-Sudáfrica en el Estadio Banorte ocurra sin incidentes.
Sheinbaum garantizó que la inauguración será pacífica y ordenada. El decreto ya está vigente y las medidas aplican sin excepciones innecesarias.
En un día donde el mundo observará el Estadio Banorte, los bloqueos parecen intentos de distraer al árbitro mientras el partido ya tiene fecha, sede y reglas definidas por quien organiza el evento.