El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha salido esta mañana echando pestes por su red social como si le hubieran robado la última cerveza del frigorífico. Según él, Irán ha publicado una versión del acuerdo que no tiene ni punto de comparación con lo que se firmó por escrito. “Son unos mentirosos de campeonato, gente sin palabra ni vergüenza”, soltó el mandatario, visiblemente indignado, como si acabara de descubrir que su equipo de fútbol favorito pierde a propósito.
Por su parte, la agencia de noticias iraní Mehr ha soltado los 14 puntos del borrador, que parecen sacados de una lista de deseos navideños imposible. Teherán exige la liberación inmediata de sus activos congelados, garantías de que Israel no se acerque ni a Líbano ni a sus vecinos, y que se posponga cualquier charla sobre su programa nuclear hasta 60 días después de firmar. Además, quieren dejar para más tarde el tema del estrecho de Ormuz, ese pasillo marítimo por donde pasa más petróleo que excusas en una reunión familiar.
Mientras tanto, la noche anterior se armó la de San Quintín con drones iraníes atacando barcos indios que salían del estrecho. Trump lo calificó de “totalmente inaceptable”, aunque reconoció que los drones fueron rechazados como un ligue en Tinder un viernes por la noche. Irán, por su lado, denunció un ataque estadounidense que mató a tres marineros cerca de las costas de Omán, convirtiendo el estrecho en un escenario de película de acción barata.
El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, intentó calmar los ánimos desde sus redes sociales: “El memorando de Islamabad nunca ha estado tan cerca”, escribió, pidiendo a los medios que dejen de especular y esperen a que él mismo cuente los detalles cuando le dé la gana. O sea, el típico “ya os enteraréis cuando toque”.
En resumen, lo que parecía un acuerdo diplomático serio se ha convertido en una telenovela de enredos, mentiras y drones voladores. Trump sigue sin fiarse, Irán sigue exigiendo y los marineros indios siguen deseando haber elegido otra ruta. ¡Qué tiempos estos, en los que hasta los tratados internacionales parecen guiones de comedia!