La presidenta Claudia Sheinbaum presentó este martes el Plan México en materia económica, en un acto donde básicamente dijo: “Sí, afuera todo está en llamas, pero aquí seguimos flotando como campeones”. Mientras Estados Unidos reparte aranceles al aluminio cual volantes publicitarios y Medio Oriente convierte el estrecho de Ormuz en un embudo geopolítico, México exhibe indicadores económicos que se niegan rotundamente a entrar en pánico.
Con la serenidad de quien ya vio la película completa de crisis internacionales, Sheinbaum subrayó que la economía nacional mantiene “una base sólida y resiliente”, traducción: aunque el vecino del norte ande con berrinches comerciales y el petróleo baile al ritmo de conflictos bélicos, aquí las cosas marchan. Los números respaldan el discurso presidencial con la contundencia de un contador que nunca falla en su declaración anual.
Marcelo Ebrard, secretario de Economía y presentador estrella del evento, desplegó una hoja de ruta para facilitar inversiones como quien saca un mapa del tesoro empresarial. Las medidas, surgidas de reuniones directas entre Sheinbaum y grupos empresariales, se organizan en cuatro ejes fundamentales que buscan no solo atraer capital, sino asegurar que ese dinero llegue a todas las regiones del país y no se quede tomando margaritas en la Riviera Maya.
Ebrard fue claro: el objetivo es que la inversión impulse el bienestar nacional, no que se pasee por el país como turista sin dejar propina. Mientras el escenario internacional parece telenovela de horario estelar con aranceles, bloqueos y drama petrolero, México responde con estrategia, coordinación y la tranquilidad institucional de quien sabe que los fundamentos económicos no se tambalean por tuits ni amenazas comerciales matutinas.