Claudia Sheinbaum reunió este lunes a secretarios, empresarios y hasta a la jefa de Gobierno capitalina para anunciar el Plan México, un paquete de medidas que básicamente dice: “Se acabó la burocracia eterna, ahora los trámites tienen límite de velocidad”. En un evento donde gobierno y sector privado parecían viejos amigos reconciliados tras años de terapia, la presidenta presentó un sistema donde las inversiones se aprueban en 30 días o, en el peor escenario, en 90 días con aprobación automática. Sí, leyó bien: si la autoridad no responde, usted gana por default, como cuando el árbitro no llega y le dan el partido.
El corazón del plan es una Oficina Presidencial de Inversiones con poderes casi sobrenaturales para destrabar proyectos en tiempo récord, respaldada por un Comité integrado por seis secretarías de Estado que funcionará como un consejo Jedi de la inversión. Todo será digital, todo será rápido, y todo tendrá constancia oficial para que nadie pueda alegar después que “se les perdió el expediente”.
La Ventanilla Única de Comercio Exterior promete estar lista en menos de 15 días, condensando trámites de Economía, SAT y Aduanas en una sola plataforma, eliminando ese kafkiano laberinto donde los empresarios perdían meses persiguiendo sellos y firmas en distintas oficinas como si jugaran rally burocrático.
Hacienda publicó garantías jurídicas en el Diario Oficial, Cofepris redujo sus trámites de 340 a 125 y bajó tiempos de resolución de 100 a 24 días (lo que suena a milagro administrativo), y Banobras anunció 523 mil millones de pesos en infraestructura carretera con 44 proyectos que generarán 1.4 millones de empleos. Jorge Mendoza, director de Banobras, cerró con un mensaje digno de comercial televisivo: “Este es el momento para invertir en México”, mientras los empresarios asentían como audiencia de programa matutino convencida por la promoción.