En la apertura de la jornada, el dólar estadounidense cotiza a 17.25 pesos mexicanos, cayendo un 0.71% respecto al cierre anterior. Esto significa que el billete verde está más débil que café de oficina recalentado, mientras el peso mexicano se pasea por el mercado como estrella de rock en gira de despedida.
En la última semana, el dólar se desplomó un 1.6%, y en el último año ha perdido un glorioso 9.96%. Para ponerlo en perspectiva: el dólar está cayendo más rápido que las resoluciones de Año Nuevo en febrero. Mientras tanto, los analistas que hace meses pronosticaban desastres cambiarios ahora escriben reportes sobre “la fortaleza estructural del peso” como si siempre hubieran estado del lado correcto de la historia.
La volatilidad cambiaria actual es del 9.02%, superando el 8.24% de referencia, lo que en español significa que el mercado está más nervioso que candidato de oposición en conferencia mañanera. Sin embargo, el nearshoring y la entrada de divisas por el Mundial de Fútbol 2026 tienen al peso mexicano caminando con el pecho inflado por Reforma.
Los especialistas ahora identifican como “elementos determinantes” el crecimiento económico de México, la renegociación del T-MEC y las políticas arancelarias estadounidenses, además de la posible flexibilización de tasas por parte de la Reserva Federal. Básicamente, están diciendo que el peso está fuerte porque México hace las cosas bien, pero lo envuelven en jerga técnica para justificar sus sueldos de seis cifras.
Las proyecciones para 2026 ubican al dólar entre 19.30 y 20.50 pesos, aunque nadie mencionó que hace seis meses predecían 22 pesos. Curiosamente, todos esos reportes anteriores desaparecieron de internet más rápido que tuit polémico de celebridad.