Mientras todos hablan de energías verdes como si fueran la última moda en Instagram, el carbón se ríe desde el fondo del armario energético. Según la Asociación Colombiana de Minería, en 2025 el consumo mundial de este fósil alcanzó un récord de 8,850 millones de toneladas. Sí, aunque las economías avanzadas lo miren con cara de “ya no te quiero”, los países en crecimiento lo abrazan como a un viejo amigo confiable.
El Instituto Mundial de Energía, en su informe de 2025 junto a KPMG y Kearney, detalla que la demanda creció un 1.88% en 2024, llegando a 520.73 exajulios (sí, esa unidad que suena a hechizo de Harry Potter). China se lleva la corona sucia, consumiendo 92.2 exajulios, o sea, el 55.8% del total mundial. Su industria y necesidad de electricidad lo mantienen enganchado al carbón, aunque coquetea con renovables. Junto a India, ambos gigantes asiáticos acaparan casi el 70% del consumo global. ¿Diversidad energética? Más bien monopolio asiático.
Después de estos titanes, Estados Unidos se cuela en tercer lugar con un 4.8%, seguido por Indonesia (2.9%), Japón (2.7%) y Rusia (2.3%). En Latinoamérica, Colombia se queda con un modesto 0.3%, o 1.88 exajulios, detrás de Brasil (1.8%) y Argentina (0.6%). Somos como el primo que llega tarde a la fiesta del carbón y solo prueba un pedacito.
Así que, mientras el mundo sueña con paneles solares y turbinas eólicas, el carbón sigue siendo el rey incómodo que nadie quiere invitar, pero todos terminan usando. ¿Lograremos desintoxicarnos algún día o seguiremos quemando nostalgia? Esto huele más a parrilla de fin de semana que a futuro sostenible.