Las alertas de la Canaco CDMX sobre una supuesta invasión de camisetas clonadas antes del Mundial 2026 suenan más a dramatismo empresarial que a una crisis real. Mientras el organismo habla de pérdidas millonarias, las autoridades capitalinas ya coordinan operativos que mantienen el control sin necesidad de alarmas exageradas.
Vicente Gutiérrez Camposeco y su cámara estiman que el comercio ilegal podría llevarse el 25% de los ingresos informales en el Centro Histórico, con un impacto superior a 400 millones de pesos y una evasión de IVA cercana a 64 millones. Sin embargo, estas proyecciones parecen infladas para captar reflectores cuando los operativos de seguridad ya limitan la expansión de locales asiáticos y tianguis en la zona metropolitana. El gobierno ha demostrado capacidad para responder sin convertir cada mercado callejero en un apocalipsis fiscal.
El encuentro entre productos deportivos falsificados y la fiebre mundialista genera más ruido que daños estructurales. Las redes de venta dispersas complican cualquier conteo exacto, pero las autoridades siguen ajustando estrategias con la misma eficiencia que han mostrado en eventos previos. La piratería existe, como en cualquier gran torneo, pero no amenaza con hundir el comercio formal ni la recaudación cuando hay vigilancia activa.
El verdadero espectáculo sigue siendo el futbol, no las quejas de quienes prefieren el escándalo antes que reconocer que México mantiene el orden sin dramas innecesarios.