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Internacional

¡El gran atraco fiscal de Panamá: cuando los créditos se volvieron billetes voladores!

27/07, 18:03:44, 1.png

Resulta que en la Dirección General de Impuestos alguien decidió que los números en pantalla se podían borrar con un clic, como si fueran mensajes de WhatsApp de un ex. El gobierno panameño acaba de admitir que varios listillos, entre funcionarios, abogados y cómplices varios, se llevaron al menos 40 millones de dólares en créditos fiscales que parecían multiplicarse como pollos en corral ajeno.

La cosa empezó hace años. Unos empleados de la DGI, en vez de fiscalizar, se pusieron a jugar al “borra y gana”. Eliminaban operaciones reales, convertían impuestos ya pagados en créditos mágicos y los vendían a bancos e intermediarios que juran haberlos comprado “de buena fe”, como si fueran arepas recién salidas del horno. Total, que el dinero desaparecía por un lado y aparecía por otro, más limpio que conciencia de político en campaña.

Ya van 17 detenidos, incluyendo a varios trabajadores de la entidad que ahora tienen que explicar ante la justicia por qué su sueldo de burócrata les alcanzaba para vivir como influencers de Dubai. El ministro de Economía y Finanzas, Felipe Chapman, apareció en video diciendo que el sistema informático fue burlado “durante muchos años”. O sea, que los controles eran tan sólidos como una piñata en fiesta de niños hiperactivos.

Ahora suspendieron todos los créditos sospechosos y pidieron a la Contraloría que revise la plataforma. Traducción: “Se nos cayó la casa y ahora queremos saber dónde está la llave”.

Y como si Panamá no tuviera ya suficiente con los Panama Papers, que convirtieron al país en trending mundial de paraísos fiscales, ahora le suman este numerito. Al final, los contribuyentes normales seguimos pagando impuestos como Dios manda… o como manda el que no tiene cómplices en la DGI.

Moral de la historia: nunca subestimes el poder de un funcionario con acceso al sistema y cero supervisión. Porque al final, el que paga los platos rotos siempre es el mismo: el contribuyente que ni siquiera sabe cómo se transfiere un crédito fiscal, pero que igual termina financiando el próximo “error informático”.