Jubilarse anticipadamente en México parece una misión digna de un videojuego de burocracia extrema. Tanto el IMSS como el ISSSTE exigen documentos precisos que, de reunirse con tiempo, evitan rechazos automáticos y demoras eternas en ventanillas.
Para quienes cotizan al IMSS bajo la Ley de 1997, el artículo 158 permite el retiro antes de los 60 años. En 2026 se necesitan 875 semanas cotizadas, cifra que subirá en bloques de 25 semanas anuales hasta alcanzar mil en 2031. La presolicitud en imss.gob.mx/pensiones permite simular el monto y verificar semanas antes de acudir a la Unidad de Medicina Familiar. Ahí se entregan acta de nacimiento certificada, estado de cuenta de la AFORE con menos de seis meses, documento bancario con CLABE, y la constancia IMSS-02-025. Además, la pensión debe superar 30% la mínima garantizada y cubrir el seguro de sobrevivencia.
En el ISSSTE, el proceso para el régimen Décimo Transitorio inicia en Recursos Humanos de la dependencia para obtener Hoja única de servicios, aviso de baja y CFDI. Luego se presenta en la Delegación correspondiente. El decreto publicado por la presidenta Claudia Sheinbaum el 24 de junio de 2025 detuvo el aumento de edad y comenzó una reducción escalonada: en 2026, mujeres desde los 56 años y hombres desde los 58, hasta llegar a 53 y 55 en 2034.
El papeleo parece interminable, pero cada requisito bien cumplido acerca al solicitante a su meta. Al final, el sistema entrega la pensión retroactiva y el retiro anticipado se vuelve realidad sin mayores sobresaltos.