Guido Pizarro terminó su etapa al frente de Tigres apenas iniciadas dos jornadas del Apertura 2026. El argentino, que defendió al club durante trece años como jugador y luego como entrenador, comunicó su salida tras una reunión con la directiva que derivó en desacuerdo sobre el presupuesto para refuerzos.
La conversación con Carlos Valenzuela se centró en la falta de recursos para reforzar el plantel. Pizarro solicitó apoyo adicional que no llegó en los términos esperados, lo que generó el rompimiento. Reportes indican que el tono subió y la diferencia de opiniones marcó el final del ciclo. A esto se sumó la percepción de un ambiente tenso hacia los argentinos tras el Mundial 2026, aunque el propio Pizarro aclaró que su decisión respondió a la pérdida de certeza sobre el rumbo del proyecto y no a los resultados deportivos.
En su comunicado, el exentrenador agradeció al club, al personal operativo, a los jugadores y especialmente a la afición que lo acompañó durante más de una década. Destacó el trabajo silencioso de cancheros, nutricionistas y empleados administrativos, y recordó que formó su familia en Monterrey. Afirmó haber entregado todo con convicción y respeto, dejando el cargo con tranquilidad al considerar que un entrenador necesita plena certeza en la dirección del equipo.
La salida abre ahora la búsqueda de un nuevo estratega que retome las metas del club en el torneo actual. Mientras tanto, Pizarro reiteró que los directivos, jugadores y técnicos pasan, pero Tigres y su gente permanecen. El episodio queda como un recordatorio de que en el fútbol las discusiones de presupuesto pueden pesar más que cualquier resultado en la cancha.