La Selección Mexicana presume una de las trayectorias más largas en la historia de las Copas del Mundo. Aunque nunca ha llegado a instancias decisivas, el tricolor ostenta 16 participaciones y una afición capaz de convertir cualquier sede en una fiesta permanente.
Todo comenzó en Uruguay 1930, cuando México formó parte de las 13 selecciones invitadas. En el Grupo 1 enfrentó a Francia, Argentina y Chile. Perdió 4-1 ante los galos, pero Juan Carreño anotó el primer gol mexicano en la historia del torneo. Lucien Laurent, por cierto, se había encargado minutos antes del primer tanto mundialista oficial.
Desde entonces, el equipo ha protagonizado destellos memorables, como la tijera de Manuel Negrete en 1986, elegida por la FIFA como el gol más bonito de todos los Mundiales. Sin embargo, la constante ha sido la presencia masiva de aficionados que viajan en caravanas coloridas, llenan estadios y transforman calles con sombreros, banderas y cánticos que superan cualquier límite presupuestal.
La FIFA ha reconocido en varias ocasiones a estos seguidores como de los más fieles y entusiastas. Su energía genera atmósfera incluso cuando los resultados no acompañan. México llega a 2026 como anfitrión con la misma fórmula de siempre: historia larga, momentos brillantes aislados y una hinchada dispuesta a convertir el torneo en su propia celebración.
El récord de participaciones confirma que el tricolor domina el arte de aparecer siempre, sin importar el desenlace.