Resulta que el lunes pasado el Canal de la Mancha se convirtió en la piscina olímpica más concurrida del planeta. Según el Ministerio del Interior británico, 710 personas decidieron que el trayecto en barca hinchable era la mejor forma de llegar al Reino Unido, marcando un récord desde principios de 2026. Entre el 1 y el 14 de junio nadie se animó, como si el agua estuviera demasiado fría o el Brexit les hubiera quitado las ganas.
Desde enero ya van 9.852 aventureros que han cruzado a escondidas, un 40 % menos que el año anterior. En 2025 fueron 41.472, la segunda cifra más alta desde que en 2018 se pusiera de moda esta travesía marítima. Ahora parece que el Canal es el nuevo atajo para quien quiere cambiar de aires sin pasar por el control de pasaportes.
Keir Starmer llegó a Downing Street prometiendo “recuperar el control” de las fronteras, pero hasta ahora solo ha recuperado el control del mando a distancia. Le pisan los talones Nigel Farage y su partido Reform UK, que lideran las encuestas y parecen dispuestos a convertir cada bote en un argumento electoral. Dentro del propio Partido Laborista también le llueven críticas: algunos ya lo ven más hundido que las barcas que cruzan el Canal.
Para rematar la faena, Londres y París firmaron en abril un acuerdo de tres años para frenar las travesías. El plan consiste, básicamente, en que los dos países se miren el uno al otro mientras las barcas siguen cruzando. El resultado es que Starmer tiene el futuro en el aire, Farage afila los dientes y el Canal de la Mancha sigue siendo el paseo marítimo más transitado del Reino Unido… aunque nadie venda entradas.