La presidenta Claudia Sheinbaum dejó claro esta mañana que su relación con Donald Trump no es un episodio de reality show ni un drama de telenovela de horario estelar. “No es un tema personal”, enfatizó la mandataria, como quien explica que no guarda rencor contra el vecino ruidoso, simplemente prefiere que baje el volumen y respete las bardas del jardín.
Durante su conferencia matutina, Sheinbaum reiteró que la estrategia de su gobierno frente a Estados Unidos se basa en el respeto diplomático y la defensa inquebrantable de la soberanía nacional. Nada de berrinches, nada de Twitter a las tres de la mañana, solo política exterior con los pies bien plantados en suelo mexicano. Mientras algunos esperaban chismes o intercambio de indirectas dignas de una pelea de comadres, la presidenta ofreció algo mucho más aburrido para los sedientos de escándalo: profesionalismo.
La mandataria subrayó que México no anda mendigando favores ni agachando la cabeza ante presiones extranjeras, sino que mantiene una postura firme y digna en cada negociación. Es decir, si Trump quiere hablar de aranceles, migrantes o lo que se le ocurra en su siguiente tuit, encontrará del otro lado de la línea a un gobierno que sabe perfectamente dónde están los límites. Nada de amistad eterna ni selfies cariñosas, solo el respeto mutuo que exige cualquier relación entre naciones adultas.
Así que para quienes esperaban un enfrentamiento al estilo lucha libre o un intercambio de insultos cinematográficos, les toca conformarse con algo mucho menos emocionante: diplomacia efectiva, coherente y con las prioridades claras. México primero, siempre, sin dramas innecesarios ni protagonismos hollywoodenses que no llevan a ningún lado más que a los titulares amarillistas.