Donald Trump fue recibido con fuertes abucheos anoche en el Madison Square Garden mientras asistía al tercer juego de las Finales de la NBA entre los Knicks y los Spurs. Su imagen apareció en la pantalla gigante durante el himno nacional, lo que desató una reacción inmediata entre los espectadores y obligó a reforzar la seguridad en todo el perímetro alrededor del estadio, cerca de Penn Station.
Las autoridades pidieron a los aficionados llegar con dos horas de anticipación y no instalaron ninguna fan zone, a diferencia de los partidos anteriores en San Antonio. Trump, neoyorquino de nacimiento y declarado seguidor de los Knicks, mantiene una estrecha relación con el propietario James Dolan y ha asistido a numerosos partidos en ese recinto. El senador Chuck Schumer criticó su presencia en X, señalando que reduce todo a él mismo y que no es bienvenido en la ciudad.
El momento llega en un mal momento para el presidente, ya que el sesenta por ciento de los estadounidenses desaprueba su manejo de la guerra contra Irán. Durante la mañana, Trump habló con el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu y le recriminó los ataques a Beirut e Irán, advirtiéndole que pronto podría quedarse solo. Poco después publicó en su red social que Israel e Irán debían dejar de disparar de inmediato. Netanyahu respondió anunciando el cese de las hostilidades tras los golpes asestados al régimen de Teherán.
Al final, la presencia de Trump convirtió un partido de básquet en otro capítulo de tensiones políticas donde hasta el himno nacional termina pareciendo un mitin improvisado.