Estados Unidos, que se prepara para una avalancha de aficionados al Mundial, instó a otros países a intensificar la lucha contra el ébola, incluyendo restricciones de viaje más estrictas. Un funcionario del Departamento de Estado, que pidió anonimato, señaló que Washington ya dio un paso adelante y ahora el resto del mundo debe seguir el ritmo para evitar que el brote se expanda. El mensaje incluye pedidos de más fondos y medidas de “sentido común” para limitar movimientos desde las zonas afectadas.
El brote se detectó el mes pasado en el noreste de la República Democrática del Congo y ya hay casos confirmados en Uganda. La administración Trump prometió bloquear la entrada del virus al país, incluso con un centro de tratamiento en Kenia destinado a ciudadanos estadounidenses. Esa iniciativa generó protestas locales y al menos una persona resultó herida en enfrentamientos con la policía. Además, Washington ha presionado a gobiernos europeos para que endurezcan sus propias restricciones.
El secretario de Estado Marco Rubio habló con Ursula von der Leyen sobre la coordinación entre Estados Unidos y Europa. La prioridad declarada sigue siendo proteger la salud de los estadounidenses, por lo que se prohibió la entrada a personas no estadounidenses que hayan estado en la República Democrática del Congo, Uganda o Sudán del Sur en los últimos 21 días.
Mientras tanto, el Mundial organizado por Estados Unidos, México y Canadá comienza el jueves sin que la selección de la República Democrática del Congo se vea afectada, ya que lleva semanas entrenando en Europa. El resultado es una mezcla curiosa entre la fiesta futbolera y los cordones sanitarios.
El contraste entre abrir las puertas al fútbol y cerrarlas al virus genera más preguntas que respuestas sobre qué tan bien coordinados están realmente los planes.