La Policía keniana utilizó gases lacrimógenos para dispersar protestas en Nanyuki contra un centro de cuarentena destinado a estadounidenses expuestos al ébola. El Tribunal Supremo suspendió temporalmente el proyecto, pero el gobierno de William Ruto decidió seguir adelante con la construcción. Las manifestaciones han sido recurrentes y una anterior dejó dos fallecidos, mientras las autoridades responden con disparos al aire y represión para evitar que la oposición crezca.
El centro busca recibir a ciudadanos de Estados Unidos afectados por el brote detectado en el norte de la República Democrática del Congo. Ruto lo defiende como un acto de solidaridad internacional y transparencia, aunque los residentes locales temen riesgos sanitarios y exigen más información sobre el acuerdo firmado con Washington. El tribunal ordenó publicar el texto completo del convenio para aclarar responsabilidades y condiciones del proyecto.
A pesar de la suspensión judicial, Nairobi y Estados Unidos avanzan con los planes, lo que ha generado mayor tensión en una zona ya afectada por problemas de seguridad y ahora por esta iniciativa sanitaria que parece sacada de una comedia absurda. Los manifestantes cuestionan por qué un país africano debe asumir los costos y riesgos de alojar posibles portadores de un virus altamente contagioso.
El resultado es una mezcla de cooperación internacional y protestas locales que deja a la población atrapada entre decisiones judiciales y presiones diplomáticas.