El jefe del Pentágono, Pete Hegseth, visitó la base de Guantánamo el 10 de junio y advirtió a Cuba sobre la adquisición de armas que pudieran amenazar el territorio estadounidense, especialmente en medio de las sanciones vigentes y el estricto bloqueo petrolero. El mensaje incluyó una clara advertencia de que la búsqueda de tales armas desencadenaría una confrontación que Cuba no podría sostener, convirtiendo al Caribe en una tensa situación vecinal aún más delicada.
Informes recientes de Estados Unidos afirmaron que La Habana compró alrededor de 300 drones militares a Rusia e Irán desde 2023, posiblemente dirigidos a la base o incluso a Florida, a tan solo 150 kilómetros de distancia. Cuba rechazó categóricamente las afirmaciones; el ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, las calificó de pretexto inventado para justificar la guerra económica y posibles acciones militares. Para aumentar la tensión, un alto general estadounidense visitó la base a finales de mayo y el director de la CIA, John Ratcliffe, se reunió con funcionarios cubanos dos semanas antes. Trump también ha sugerido utilizar las instalaciones para deportaciones de migrantes, mientras que Hegseth señaló que el futuro de Cuba está en manos del presidente estadounidense.
La escasez de combustible provocada por el bloqueo ha impedido que la ONU entregue 170 contenedores de ayuda humanitaria valorados en 6,3 millones de dólares, dejando suministros esenciales varados a pesar de haber llegado a la isla. Los diplomáticos describen todo el episodio como una partida de ajedrez a cámara lenta donde ambos bandos siguen moviendo piezas sin declarar jaque mate.
Al final, Guantánamo sigue funcionando como el depósito más caro de la región, donde se acumulan advertencias, negaciones y contenedores de ayuda mientras todos esperan a que alguien ceda.