El secretario de Relaciones Exteriores de México, Roberto Velasco, recibió al ministro sudafricano, Ronald Lamola, en una reunión que combinó la nostalgia futbolística con las habituales cortesías diplomáticas, de cara a la inauguración del Mundial de 2026. El encuentro, celebrado antes de la próxima sesión de la comisión binacional, tuvo un claro sentido de simetría histórica entre dos naciones que han esperado dieciséis años para saldar una vieja cuenta pendiente en la cancha.
Hace dieciséis años, Sudáfrica inauguró su torneo recibiendo a México en 2010. Ahora, el favor se devuelve cuando México se prepara para dar inicio a la edición norteamericana contra Sudáfrica. Velasco destacó que nadie ha sido sede de tres Mundiales, pero México logrará esa distinción tras organizar el evento en 1970 y 1986. Más allá de la nostalgia, los ministros discutieron oportunidades para profundizar la cooperación como miembros del G20 del Sur Global, acordando fortalecer la colaboración en intereses comunes sin convertir la conversación en otra cumbre interminable.
El reencuentro demostró cómo el deporte puede servir como una excusa conveniente para conversaciones serias, transformando una revancha histórica en una oportunidad para renovar alianzas que de otro modo quedarían archivadas en carpetas oficiales. Ambas partes parecían cómodas dejando que la conversación fluyera hacia un acercamiento, evitando las pausas incómodas que suelen acompañar a este tipo de visitas.
Al final, el encuentro se asemejó a dos viejos conocidos que, tras dieciséis años, devuelven una cortadora de césped prestada; solo que esta vez la cortadora venía acompañada de un balón de fútbol y la promesa de una mejor relación en cuanto el árbitro pitara el final.