Resultados de la oficina del primer ministro israelí: Trump prometió que cualquier acuerdo con Irán vendrá con la obligación de sacar todo el material nuclear enriquecido, desmantelar las fábricas de enriquecimiento, poner freno a los misiles y cortar el apoyo a los grupos aliados de Teherán. Netanyahu dio las gracias como quien recibe la noticia de que el vecino ruidoso se muda al otro país.
La escena parece sacada de una telenovela de intrigas familiares: el primer ministro israelí celebra que el acuerdo final incluya “sacar la basura nuclear” y “dejar de mandar regalos a los amigos conflictivos”. Mientras tanto, Irán tendría que quedarse sin uranio enriquecido ni cohetes, como si le quitaran las llaves del coche y el control remoto al mismo tiempo.
El comunicado suena tan solemne que parece que están negociando quién se queda con el perro después del divorcio, solo que aquí el perro es una centrifugadora y el patio trasero es Oriente Medio. Netanyahu lo agradece con la misma cara de alivio que pone cualquiera cuando el casero por fin decide arreglar la gotera antes de que se inunde todo el edificio.
En resumen: Trump promete un trato con Irán que parece lista de la compra de supermercado (sin uranio, sin misiles, sin apoyos raros), y Netanyahu aplaude como si le hubieran servido el postre antes que a los demás. Si todo sale bien, el único que se quedará sin nada será el que intente seguir vendiendo material nuclear como si fuera churros en la esquina.