La Guardia Revolucionaria iraní presumió este jueves de haber impedido el paso de un petrolero que intentaba cruzar el estrecho de Ormuz “sin autorización”, justo después de anunciar el cierre total de la zona como respuesta a los ataques estadounidenses. Según las fuentes castrenses, la embarcación era un “barco pirata” que se coló sin permiso, como un cliente que entra al supermercado sin ticket y sale con el carrito lleno.
Las explosiones que se escucharon en la provincia de Hormozgán, en el sur del país, no fueron fuegos artificiales ni ensayo de verbena: formaban parte del “enfrentamiento” contra el intruso. La Armada de la Guardia Revolucionaria ya patrulla la zona con cara de pocos amigos y ha dejado claro que actuará “con severidad” contra cualquier barco que intente pasar. O sea, el estrecho ahora funciona como discoteca exclusiva: solo entran los que tienen pulsera VIP y autorización firmada por el ayatolá.
El cierre, decretado “hasta nuevo aviso”, se justifica por las supuestas violaciones estadounidenses al alto el fuego pactado en abril. Mientras tanto, el Cuartel General de Jatam al Anbiya advirtió que cualquier embarcación que ose cruzar será “objeto de ataques”. Traducción libre: “Aquí no pasa ni el gato sin que le pidamos el DNI”.
El resultado es otro capítulo de la saga “El estrecho más cotizado del planeta”: Irán pone el candado, Estados Unidos sigue con su política de “te bombardeo pero luego hablamos”, y el resto del mundo cruza los dedos para que el petróleo siga fluyendo… o al menos para que las gasolineras no vuelvan a parecer colas de supermercado en rebajas.
En resumen, otro día en el que el estrecho de Ormuz se convierte en el patio de recreo más peligroso del mundo, los petroleros hacen de figurantes y los ciudadanos normales solo pueden esperar que la próxima crisis dure menos que una promesa electoral. ¡Que alguien avise al capitán Jack Sparrow de que esta vez el mar está cerrado por obras!