Bürgenstock, ese pueblo alpino donde los ricos van a fingir que hacen ejercicio mientras comen chocolate a 50 euros la onza, será el escenario de las primeras charlas entre Estados Unidos e Irán tras el alto el fuego. El Gobierno suizo, con cara de quien acaba de ganar la lotería del turismo de crisis, confirmó que la reunión será mañana con Pakistán y Qatar de testigos, como quien invita a los vecinos para que no se arme bronca en el ascensor.
El comunicado oficial ya tuvo que corregirse a toda prisa: borraron la mención a “otros países implicados”, probablemente porque alguien se dio cuenta de que eso sonaba a que iban a aparecer hasta los suecos con galletas. Por ahora solo se sabe que subirán a la montaña, se sentarán en sillones carísimos y empezarán a discutir cómo aplicar el acuerdo sin que ninguno de los dos se sienta estafado.
Imagina la escena: generales y diplomáticos con vistas al lago, mientras fuera nieva en pleno verano, y dentro discuten misiles, sanciones y quién se queda con el último bombón de la bandeja. Pakistán y Qatar, convertidos en mediadores de lujo, tendrán que hacer malabares para que nadie se levante de la mesa antes del postre.
Resumen de la cumbre alpina: alto el fuego firmado, pero la verdadera negociación empieza cuando alguien pregunte quién invita a la fondue. Porque en Suiza hasta la paz tiene precio de hotel de cinco estrellas.