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Internacional

¡Vance cancela el viaje a Suiza y la paz entre Estados Unidos e Irán se queda en pañales!

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Resulta que la gran cumbre diplomática en el resort de montaña de Burgenstock se ha ido al traste porque el vicepresidente JD Vance decidió que tenía cosas más importantes que hacer que volar a Suiza. O sea, el típico amigo que te deja tirado en la estación después de haberte hecho esperar con el billete comprado. La Casa Blanca lo explicó con la elegancia de siempre: “la logística nunca ha sido sencilla”. Traducción: nadie sabía ni dónde ni cuándo ni con quién.

Irán, que ya andaba receloso como un suegro en una boda, exigía pruebas de que Estados Unidos estaba cumpliendo el acuerdo antes de mandar a nadie. Como no llegaron, se quedaron en Teherán mirando el teléfono. El memorando firmado por Trump y el presidente iraní prometía alivio de sanciones, miles de millones desbloqueados y hasta un fondo de reconstrucción de 300.000 millones de dólares. Pero claro, como todo en esta película, el guion cambia cada cinco minutos.

Mientras tanto, Israel sigue bombardeando Líbano como si el alto el fuego fuera solo una sugerencia de WhatsApp. Quince muertos más el viernes, y Netanyahu ni se inmuta. Trump, que juró que acabaría la guerra con la “rendición incondicional” de Irán, terminó firmando un pacto que deja a los iraníes con uranio, misiles y control sobre el estrecho de Ormuz. Sus propios compañeros republicanos ya murmuran que ha regalado demasiado, como el padre que promete castigar al hijo y acaba comprándole un videojuego.

El ayatolá Jamenei, por su parte, soltó que Trump firmó “por desesperación”, y avisó que si los americanos se ponen muy exigentes con el programa nuclear, ni hablar. Sesenta días para negociar el futuro atómico iraní, inspecciones de la OIEA y, de regalo, Irán cobrará peaje a los barcos que pasen por Ormuz… pero no durante estos dos meses, que hay que dar buena imagen.

Los precios del petróleo bajan, los desplazados libaneses siguen huyendo, y en Washington ya calculan que la guerra les ha costado 80.000 millones de dólares extra. Todo por un acuerdo que, de momento, parece más frágil que la promesa de adelgazar después de Navidad.

En resumen: otro intento de paz que se ha quedado en nada porque uno de los protagonistas decidió no coger el avión. Oriente Medio sigue su curso habitual, como una telenovela que lleva veinte años en emisión y nadie se atreve a cancelar.