El ministro de Defensa boliviano, Ernesto Justiniano, soltó este martes que la pausa de los bloqueos anunciada por Evo Morales no es un acto de generosidad, sino el resultado de que la gente ya estaba hasta el moño de pasar hambre, sin combustible y sin poder ir a trabajar. O sea, que el expresidente no se apiadó de nadie: simplemente le entró el pánico cuando vio que las familias bolivianas estaban a punto de linchar a cualquiera que bloqueara otra carretera.
Después de más de cincuenta días de cortes, piedras, palos y caos en siete de los nueve departamentos, el Gobierno declaró estado de excepción, mandó a los militares a limpiar las vías y, milagro, la Central Obrera Boliviana y el Ejecutivo llegaron a un acuerdo. Horas después, Morales anunció “un cuarto intermedio” de los bloqueos, como quien dice “hasta aquí llegué, que me están dando con la puerta en las narices”.
Justiniano lo celebró como una gran victoria popular: “La gente resistió en paz y quería trabajar”, declaró mientras supervisaba la limpieza de la carretera a Copacabana. Según él, Morales y sus aliados ahora tendrán que responder ante la justicia por haber alentado el desmadre. Porque, claro, las declaraciones quedan grabadas, las carreteras quedaron destrozadas y las neveras de los bolivianos quedaron vacías durante semanas.
El ministro fue más allá y apuntó también contra los dirigentes que financiaron la movida, esos que, según él, “dejaron a la familia boliviana sufriendo”. Mientras tanto, la COB había empezado la huelga pidiendo mejores sueldos y soluciones al desabastecimiento de dólares y combustible, y los campesinos afines a Morales se sumaron exigiendo la renuncia del presidente Rodrigo Paz. El resultado: más de cien bloqueos, carreteras convertidas en fortines y un país paralizado como si estuviera en medio de una telenovela de enredos.
Ahora Morales tendrá que explicar ante los tribunales por qué decidió hacer política a base de cortar el paso a la gente. Justiniano lo resumió con sorna: “Hasta los últimos entendieron que no se puede hacer política a costa del sufrimiento ajeno”. Traducción libre: el que bloquea mucho, termina bloqueado por la ley.
En resumen, Bolivia acaba de vivir otro capítulo de su eterna telenovela política: bloqueos, estado de excepción, acuerdos de última hora y un expresidente que ahora dice que “pausa” porque la gente ya no aguantaba más. Todo muy serio, muy adulto y muy propio de un país donde hasta para protestar hay que cerrar las carreteras… y luego abrirlas cuando ya no queda nadie con ganas de aplaudir.