Rafael Grossi, el jefe del Organismo Internacional de Energía Atómica, soltó en Japón que las inspecciones en Irán “se van a hacer” tras el memorándum de 14 puntos firmado con Estados Unidos. Según él, en breve decidirán fechas, procedimientos y lugares, como quien organiza una quedada en el bar pero con contadores Geiger y trajes de protección. El acuerdo provisional da 60 días para discutir los detalles más peliagudos, entre ellos qué demonios hacer con el uranio enriquecido hasta el 60 % que Irán tenía antes de que Estados Unidos e Israel bombardearan sus instalaciones el año pasado.
El propio Grossi recordó que el párrafo 8 del memorándum, escrito en negrita como si fuera un contrato de teléfono, obliga a que las actividades nucleares sean vigiladas por su gente. “Va a pasar”, aseguró, aunque dejó caer que si Irán decide no cumplir, “eso ya es otra historia”. Por ahora, Teherán ni siquiera ha dicho cuántos kilos de ese material explosivo sobrevivieron a los bombardeos ni dónde los escondieron. El OIEA calcula que antes de los ataques había 440 kilos de uranio al 60 %, cantidad suficiente para fabricar unas diez bombas si alguien decide dar el último empujón al 90 %. Grossi sospecha que más de 200 kilos podrían estar guardados en un complejo de túneles en Isfahán, que fue atacado pero parece que solo recibió un susto.
Mientras tanto, los inspectores siguen sin poder entrar en las instalaciones más sensibles desde junio del año pasado. El organismo ha revisado otros sitios, pero las visitas se cortaron en seco tras los bombardeos del 28 de febrero. Ahora, con el acuerdo provisional en la mano, Grossi habla de “modalidades” como si estuviera concertando una cita con el dentista: “pasado mañana, dentro de una semana o dentro de diez días… lo importante es que ocurra”.
Los críticos ya se frotan las manos imaginando a los inspectores recorriendo túneles iraníes con linternas y listas de comprobación mientras alguien, en algún rincón, sigue guardando el uranio como si fuera un botellín de orujo escondido del inspector de Hacienda. Por ahora, lo único claro es que los próximos dos meses van a ser un festival de reuniones, PowerPoints y excusas creativas. Y si al final no dejan pasar a los de la OIEA, siempre quedará la opción de mandar a Grossi con una camiseta que diga “solo vengo a mirar”.