Marco Rubio aterrizó en Abu Dabi con cara de quien va a venderle un coche averiado a su suegro. Su misión: convencer a los jeques del Golfo de que el fondo de 300.000 millones de dólares que Trump le ha prometido a Irán no se va a convertir en misiles balísticos con forma de cohete de feria. Los aliados, que recibieron drones iraníes como si fueran paquetes de Amazon durante la guerra, están más mosqueados que un taxista al que le pagan con calderilla.
El secretario de Estado, que hasta hace poco era de los que pedía que Irán desapareciera del mapa, ahora tiene que defender el memorándum de 14 puntos como si fuera el mejor negocio desde que vendieron el oro de los incas. Mientras JD Vance lideraba las charlas en Suiza, Rubio se quedó en un segundo plano, y ahora le toca salir a la pista como el hermano pequeño que tiene que justificar las locuras del mayor.
Los jeques se preguntan en voz alta si el dinero de la reconstrucción iraní terminará en misiles que apunten directo a sus torres de cristal o si Irán lo usará para comprarse un ejército nuevo como quien renueva el armario de Zara. Emiratos y Kuwait, que albergan bases estadounidenses y que sufrieron ataques con drones, miran el acuerdo como quien mira a un vecino que invita a cenar después de haberle tirado piedras a la ventana.
Rubio tendrá que explicar también que Irán ha montado células secretas en Irak para seguir fastidiando a los del Golfo, todo mientras intenta vender que el acuerdo es un éxito y no una capitulación con lacito. Entre los republicanos ya se habla de la carrera por suceder a Trump como si fuera un reality de cocina: Rubio contra Vance, el que defienda mejor el pastel iraní se queda con la nominación.
Por ahora, el secretario viaja con una maleta llena de explicaciones y otra llena de excusas por si los jeques le preguntan dónde demonios han ido a parar los 300.000 millones. Porque en el Golfo ya saben que, cuando alguien regala tanto dinero a un enemigo, lo normal es que ese enemigo se compre misiles… o al menos un buen seguro de vida para los vecinos.