El Ejército de Estados Unidos confirmó que mantiene dos portaaviones dando vueltas por el golfo Pérsico mientras Donald Trump asegura que el estrecho de Ormuz seguirá abierto y sin bloqueo naval. O sea, el mismo presidente que dice “todo en paz, muchachos” deja los barcos anclados como quien aparca el coche con el motor encendido por si hay que salir corriendo.
Trump explicó que las naves permanecerán en posición “por si fuera necesario volver a bloquear”, aunque añadió que eso “parece altamente improbable”. Traducido al español llano: “Les dejo los portaaviones ahí nomás para que sepan que puedo ponerme pesado cuando quiera”. Una táctica diplomática tan sutil como amenazar a tu vecino con una escopeta mientras le ofreces un café.
Mientras tanto, Washington y Teherán ya armaron un comité de alto nivel que supervisará la mediación, con grupos de trabajo sobre temas nucleares, sanciones y resolución de disputas. Básicamente, crearon una oficina de quejas con sillas cómodas y café malo para que los negociadores puedan pelearse cómodamente cada quince días.
El acuerdo preliminar también establece que Estados Unidos retirará sus fuerzas de las cercanías de Irán dentro de los 30 días posteriores a la firma del pacto final. Es decir, Trump promete sacar los barcos… pero solo después de que todo esté firmado, sellado y con testigos. Hasta entonces, los portaaviones siguen dando vueltas como dos perros guardianes que ladran pero juran que no muerden.
Al final, la estrategia es tan transparente como un vidrio sucio: mantener la presión militar mientras se firma la paz con una mano y se guarda la otra en el bolsillo por si hay que sacar el revólver. Los iraníes ya deben estar contando los días… y los estadounidenses, los portaaviones.