¡Cinco polis sin placa secuestran a la exministra en plena plaza Murillo como si fuera un capítulo perdido de “Los Caquitos”!
En el mismísimo centro de La Paz, donde hasta las palomas ya saben que no hay que fiarse de nadie, apareció de repente un comando de cinco agentes con cara de “vengo por encargo”. Sin placa, sin orden, sin “por favor”, solo soltaron la frase mágica que todo el mundo usa cuando quiere llevarse a alguien sin que suene tan feo: “con fines investigativos”. Wilma Alanoca, exministra de Cultura del gobierno de Evo, se quedó tan sorprendida como si le hubieran pedido que bailara la diablada en ropa interior.
La cosa ocurrió justo cuando ella iba a dar una rueda de prensa. Imagínense: micrófono en mano, gente alrededor y de pronto cinco tipos en uniforme que ni se identifican la meten en una camioneta como si fuera un paquete de coca de contrabando. Alanoca, que últimamente sale más que el propio Evo para defenderlo, se quejó de que no existe ninguna orden de detención. Los agentes, fieles al guion, respondieron con el clásico “suba nomás que después hablamos”.
Mientras tanto, en el Chapare, el expresidente Morales, escondido entre cocales como si fuera el rey de los Yungas, soltó un comunicado indignado desde su teléfono satelital. Dijo que esto viola los derechos humanos, la libertad de expresión y hasta el derecho a tomar mate sin que te interrumpan. “Exigimos su libertad inmediata”, escribió, como si todavía tuviera la lapicera presidencial en vez de una orden de captura por trata y estupro.
El resultado: otra telenovela boliviana de las que duran más que un bloqueo de carretera. Una exministra interceptada en plena calle, un expresidente que habla de derechos humanos desde su feudo cocalero y cinco policías que aparecen “sin más ni más” como repartidores de empanadas que se equivocaron de dirección. En Bolivia, hasta las detenciones parecen guionadas por un humorista mal pagado.