En un ataque de cordura digna de una tertulia de bar a las cuatro de la mañana, la Comisión de Industria del Parlamento Europeo ha decidido que las materias primas críticas ya no se van a dejar escapar ni aunque las suplique un país del Este. Han aprobado, con 63 votos a favor, cuatro en contra y catorce abstenciones (es decir, los abstencionistas estaban mirando TikTok mientras votaban), una reforma para blindar la extracción, el refinado y el reciclaje de todo lo que suene a imán, litio o cualquier metal que sirva para que tu móvil no se apague en mitad de una bronca.
El texto, que todavía tiene que pasar por el pleno en julio antes de que los Estados lo destrocen, obliga a Bruselas a abrir al menos dos convocatorias al año para proyectos “estratégicos”. Si hace falta, abrirán tres o cuatro, porque ya se sabe que en Europa los burócratas se aburren y necesitan convocatorias como el que necesita tabaco.
Lo más jugoso: la Comisión, y no los gobiernos, será quien señale a las grandes empresas que usan estas materias. Imagínate el momento en que un comisario llame a una multinacional y le diga: “Oiga, usted usa imanes, póngase en fila y rellene este formulario de 47 páginas o le multamos hasta que llore”. Y como premio, proponen mecanismos para estabilizar precios, porque nada tranquiliza más a un inversor que saber que el cobalto no va a subir como el pan de molde en Navidad.
Además, quieren montar compras conjuntas para crear reservas estratégicas. O sea, que los países miembros se van a poner de acuerdo para acaparar chatarra como si fuera papel higiénico en marzo de 2020. Y la guinda: si hay riesgo de escasez, Bruselas podrá prohibir la exportación de residuos de imanes permanentes. Traducido: tu viejo disco duro ya no podrá viajar a Asia; se queda en Europa para que lo reciclen y lo conviertan en el próximo coche eléctrico que te costará un riñón.
En resumen, la Unión Europea ha decidido que la chatarra es demasiado valiosa para dejarla escapar. Si tu frigorífico viejo desaparece misteriosamente una noche, no llames a la policía: probablemente se lo haya llevado algún comisario con una furgoneta blanca y matrícula belga.