Javier Aguirre salió del Estadio Ciudad de México con la satisfacción de quien descubre que su equipo puede corregir un plato salado a mitad de cocción y terminar sirviéndolo impecable. Tras la victoria sobre Chequia, el técnico mexicano reconoció que los europeos intentaron sorprenderlos cambiando tres jugadores altos por peloteros veloces, obligando al Tri a llegar tarde a los saltos y a sentir que en mediocampo siempre sobraba un rival.
Sin embargo, el ajuste llegó rápido gracias a Julián Quiñones y al joven Gilberto Mora, quienes equilibraron el encuentro hasta convertirlo en una tarea sencilla. Aguirre admitió que lo más gratificante fue ver a Guillermo Ochoa otra vez bajo los tres palos en un Mundial. “Me voy más satisfecho por Memo Ochoa. Es una leyenda del fútbol mundial y es mexicano”, declaró, añadiendo que el portero se levanta temprano, entrena en el gimnasio y anima a todos como si fuera el encargado de mantener la moral del vecindario.
El estratega también celebró que el equipo funcione con cualquier combinación de jugadores. En tres partidos rotó a veinticinco futbolistas y el funcionamiento colectivo nunca se resintió, algo que consideró casi milagroso. Solo Carlos Acevedo sigue sin minutos, aunque Aguirre dejó claro que todos están listos cuando se les necesite.
La afición mexicana, mientras tanto, disfruta de una comunión que parece renovarse cada partido, como si el Tri hubiera encontrado la clave para mantener la fiesta encendida sin depender de un solo invitado.
Ahora el reto es trasladar esa flexibilidad a la fase eliminatoria, donde los rivales ya no permitirán que el guiso se arregle con tanta facilidad.