Guillermo Ochoa cerró su última participación en un Mundial entre lágrimas en el Estadio Ciudad de México, durante la victoria 3-0 de México sobre Chequia que dejó al Tri con nueve puntos y en primer lugar del Grupo A, algo nunca visto en las 18 ediciones previas del torneo. El portero ingresó al minuto 77 como parte de un homenaje, no de un cambio táctico, tras la salida de Raúl Rangel, quien lo abrazó antes de cederle el puesto.
Ochoa lució el parche Legacy que la FIFA otorga a quienes superan cinco Mundiales, una distinción rara que pocos porteros han alcanzado. En sus doce minutos en cancha, conectó un pase largo que terminó en el tercer gol de Álvaro Fidalgo. El público celebró el tanto y al mismo tiempo entendió que presenciaba el último acto del arquero en la justa. Al final del partido, Ochoa se arrodilló en el césped, besó un poste y las lágrimas aparecieron mientras sus compañeros lo cargaban en hombros. De fondo sonaba “El Rey” de Vicente Fernández, como si el estadio hubiera decidido cerrar el telón con una canción de despedida para un ídolo que ya no necesita más guiones.
Las redes sociales se llenaron de videos del momento, mensajes de agradecimiento y recuerdos de sus atajadas históricas desde Brasil 2014. El hashtag de su nombre dominó la noche, convirtiendo doce minutos en el tema más comentado del día. Sudáfrica terminó segunda y enfrentará a Canadá en octavos, mientras México avanza con la satisfacción de haber escrito una fase de grupos sin precedentes.
La imagen de Ochoa hincado en el pasto, rodeado de compañeros y aplausos, quedó como el recordatorio de que algunos jugadores no solo defienden porterías, sino que también dejan huellas que el tiempo no borra con facilidad.