El nuevo Mundial con 48 selecciones convirtió la tabla de terceros lugares en una especie de lotería con reglas complicadas donde hasta los rezagados pueden seguir en la fiesta. Doce grupos, del A al L, reparten pases directos solo a los dos primeros de cada sector, pero los ocho mejores terceros también avanzan a dieciseisavos, sumando 32 equipos que aún sueñan con la copa.
Los criterios de desempate parecen inventados por un contador aburrido: primero puntos, luego diferencia de goles, goles anotados y finalmente sanciones disciplinarias. Con esta ampliación, equipos que terminaron terceros aún conservan esperanza aunque no ganaron todos sus partidos. La fase de eliminación directa inicia el 28 de junio y los anfitriones mexicanos esperan mantener su paso perfecto para evitar depender de esta tabla de salvación.
El sistema premia la constancia más que el dominio absoluto, permitiendo que combinados con apenas un empate sigan vivos mientras potencias que tropezaron quedan fuera por detalles menores. Los traslados, la altura y los errores tontos que mencionó el técnico checo ahora pesan doble porque cualquier resbalón puede convertir a un equipo en candidato a los mejores terceros.
Al final, el formato de 48 equipos transformó el Mundial en una carrera de obstáculos donde llegar tercero ya no significa rendirse, sino prepararse para enfrentar a un gigante en la siguiente ronda con la misma ilusión de quien compra boletos de rifa sabiendo que al menos hay más premios que antes.