Resulta que el Kremlin se ha puesto como un niño al que le han quitado el mando de la PlayStation. Resulta que varias aplicaciones de VK, esa red rusa controlada por el Estado, han desaparecido de la App Store sin que nadie les mandara ni un triste correo de despedida. Ni “hasta luego”, ni “te echamos de menos”, ni siquiera un emoticono de dedo medio.
VK, muy ofendida, ha soltado un comunicado diciendo que esto es un atropello porque ellos “nunca han estado sancionados”. O sea, que según ellos, si no te han puesto la etiqueta de “malo malo”, puedes seguir vendiendo tus productos como si nada. Apple, por su parte, ha respondido con la clásica excusa de funcionario: “Cumplimos la ley”. Traducción: “No me toquéis los huevos que tengo abogados más caros que vuestros misiles”.
Dmitri Peskov, el portavoz oficial del Kremlin, ha amenazado con “exigir explicaciones” y, si no las dan, “sacaremos las conclusiones oportunas sobre cualquier cooperación futura”. Es decir, que si Apple no les da una palmadita en la espalda, igual dejan de comprar iPhones para los oligarcas. Imagínate la escena: Putin intentando instalar VK en un Android mientras maldice en ruso porque “este teléfono no tiene emoji de oso enfadado”.
Y como colofón, Peskov ha sugerido que los rusos descontentos se pasen a Android. O sea, que si no te gusta que te quiten la app, cámbiate de teléfono. Es como si te quitan el fútbol de la tele y te recomiendan comprarte un balón de cuero y jugar en la calle. Muy siglo XXI.
En resumen: una empresa estadounidense cumple sanciones, una empresa rusa estatal se hace la víctima, y el Kremlin amenaza con dejar de usar iPhones… mientras todo el mundo sigue instalando aplicaciones como si el mundo se fuera a acabar mañana. Absurdo total, pero de los buenos.