Los 27 países de la Unión Europea dieron el visto bueno este jueves al acuerdo con Estados Unidos para que los aranceles no se conviertan en un incendio el Día de la Independencia yanqui. Después de que el Parlamento Europeo ya hubiera dado su visto bueno la semana pasada, los gobiernos del bloque aceleraron el trámite como quien firma el divorcio antes de que el abogado cobre por hora extra.
El trato principal es quitar los aranceles a la mayoría de productos industriales y agrícolas estadounidenses, a cambio de que Trump limite al 15 por ciento los impuestos que ya había puesto el año pasado. Todo se cocinó el verano pasado en Escocia, pero como el proceso europeo es más lento que una cola en el banco un viernes por la tarde, Trump puso ultimátum hasta el 4 de julio. Los europeos, que no querían que les cayera el bombazo encima durante el aniversario de la independencia, firmaron antes de que el presidente les cortara el suministro.
Para no quedar como tontos, los eurodiputados metieron una cláusula que hace que el acuerdo se muera solo a finales de 2029, justo después de que Trump termine su mandato, salvo que alguien lo quiera resucitar. Además, la Comisión Europea podrá romper el trato si Trump no quita antes de fin de año los recargos del 50 por ciento al acero y aluminio. Es decir, firmaron con la puerta abierta por si las cosas se ponen feas, como quien acepta una cita sabiendo que puede cancelarla por mensaje a las tres de la mañana.
En resumen, la Unión Europea prefirió tragar el acuerdo rápido antes de que Trump les mandara la factura con intereses. Porque cuando el vecino del norte amenaza con subir los impuestos, hasta los burócratas de Bruselas se convierten en corredores de fondo para evitar que les corten la luz. Al final, todos contentos… hasta el próximo ultimátum.