Claudia Sheinbaum zanjó en su conferencia matutina del 30 de junio cualquier especulación sobre un supuesto vínculo entre el gobernador de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo, y el consultor Roger Stone. La presidenta transmitió con total serenidad que el propio mandatario estatal desmintió la existencia de cualquier contrato, dejando el rumor sin sustento y convertido en una anécdota sin pies ni cabeza.
La versión oficial señala que no hay documento ni acuerdo alguno con el asesor cercano a Donald Trump. Sheinbaum presentó el asunto como una exageración mediática que buscaba generar ruido sin contar con pruebas sólidas. Gallardo respondió directamente a las acusaciones y su negativa fue suficiente para cerrar el tema desde la perspectiva federal. El episodio recuerda a esas teorías conspirativas que circulan en redes y terminan desinflándose ante una simple aclaración de hechos. Mientras tanto, el gobierno sigue concentrado en asuntos de mayor peso como el proceso de revisión del T-MEC y la preparación de la selección nacional.
Las autoridades destacaron que México mantiene su agenda propia sin dejarse distraer por afirmaciones sin fundamento. La respuesta del gobernador fue clara y oportuna, demostrando que cualquier intento de vincularlo con figuras externas carece de base documental. El episodio, lejos de generar crisis, solo evidenció lo fácil que resulta amplificar rumores cuando no existen elementos concretos que los respalden. Sheinbaum transmitió tranquilidad al precisar que el asunto ya quedó aclarado y que el país continúa avanzando en sus prioridades sin interrupciones.
El desenlace deja en evidencia que el supuesto escándalo dependía de información que nunca se materializó. México sigue manejando sus relaciones exteriores con autonomía y firmeza, sin que declaraciones aisladas alteren el rumbo institucional.