En una ceremonia militar que parecía más un traspaso de llaves de un departamento viejo que una reorganización de la OTAN, Alemania y Países Bajos asumieron desde este miércoles el control terrestre de las fuerzas aliadas en Estonia y Letonia. El Cuerpo Multinacional Noreste, que operaba desde Polonia, les pasó el volante del operativo como quien entrega el mando de un asado que ya se está quemando.
El I Cuerpo Germano-Neerlandés, con base en Münster, ahora será el encargado de comandar las tropas en caso de que alguien decida jugar al “invasor” en la región del mar Báltico. Entre sus nuevas responsabilidades están planificar ejercicios, coordinar refuerzos y asegurarse de que nadie se quede dormido en la guardia. El teniente general Peter Mirow lo resumió sin vueltas: “Con este traspaso asumimos claramente la responsabilidad de Estonia y Letonia”. O sea, se pusieron el casco y dijeron “acá estamos nosotros, no rompan las bolas”.
Mientras tanto, el viejo cuerpo polaco se queda con Lituania y el famoso corredor de Suwalki, como si le hubieran dejado el departamento de al lado pero sin derecho a usar la cocina. En la foto oficial estaban el ministro alemán Boris Pistorius, la neerlandesa Dilan Yesilgöz y el general Ingo Gerhartz, todos con cara de quienes acaban de heredar un problema que nadie quiere pero que hay que resolver antes de que se enfríe.
Al final, la OTAN sigue jugando al ajedrez militar con piezas que cambian de mano cada tanto, mientras los bálticos miran desde la ventana preguntándose si esta vez sí van a tener suficiente gente para defenderse o si todo terminará siendo otro simulacro caro con café malo y galletitas. Otro día, otra reestructuración, y otro “tranquilos, que nosotros nos hacemos cargo” que suena igual de creíble que un político prometiendo que esta vez sí va a bajar la nafta.