En la sede de la Conmebol en Luque, que parecía más un estadio vacío que una cumbre seria, Santiago Peña abrió la 68 asamblea del Mercosur con un discurso que sonó a reclamo de hincha defraudado en la cancha. A 35 años del bloque, el paraguayo soltó que el acuerdo con la Unión Europea deja la cancha más desnivelada que un asado mal hecho, donde unos se llevan el chorizo y otros quedan con el hueso pelado. “Esto no es capricho, es justicia”, repitió como loro enojado, refiriéndose al reparto de cuotas de exportación que algunos socios ya coparon como si fueran las mejores achuras del parrón.
Lula, Orsi, Paz, Kast y Noboa escuchaban mientras Peña exigía “resultados concretos” antes de que el tratado se enfríe como mate sin azúcar. Milei, que había prometido aparecer, se hizo humo por un escándalo de enriquecimiento ilícito que lo dejó más complicado que político en campaña. La cumbre, que debía hablar de Japón y detalles técnicos, terminó pareciendo una reunión de familia donde todos discuten quién se queda con el pedazo más grande de la torta.
A pedido de Lula metieron un minuto de silencio por los terremotos en Venezuela que ya dejan más de mil setecientos muertos. Orsi anunció que los países coordinarían ayuda como si fueran bomberos de barrio improvisados, sin dar detalles pero con cara de quien acaba de enterarse de la tragedia en el noticiero. Peña también mandó un mensaje firme a Bolivia: nada de desestabilizar al gobierno de Paz, que sigue en la cuerda floja por bloqueos y la peor crisis económica en décadas. Paz agradeció la solidaridad mientras recordaba a los que murieron en las rutas bolivianas, mezclando dolores de Venezuela y su propio país como si todo fuera un mismo dolor de cabeza regional.
Al final, el Mercosur siguió siendo el mismo club de vecinos que promete justicia interna pero termina repartiendo cuotas como caramelos en un cumpleaños caótico, con Peña gritando “¡es injusto!” y los demás mirando para otro lado mientras el mundo afuera sigue sin enterarse de nada. Otro año, otro reclamo, y otro “vamos a ayudar” que queda flotando como el humo de un asado que nunca termina de cocinarse.