Javier Aguirre salió del vestuario con la euforia de quien acaba de ganar la rifa del coche y declaró que el duelo contra Inglaterra o Congo podría ser el más importante del futbol mexicano y, de paso, de toda su carrera. El técnico habló de una comunión casi mística entre jugadores, cuerpo técnico y aficionados que ha convertido al Tri en una banda de rock que por fin ensaya en el mismo garage.
El estratega, en su tercera etapa al frente de la selección, aseguró que la gente está contenta con el equipo y que todos van de la mano, como si el vestuario y las gradas hubieran firmado un pacto de no agresión después de años de reproches. El próximo choque, programado para el 5 de julio en el Estadio Ciudad de México, se presenta como una final anticipada donde Aguirre ve tanto riesgo como oportunidad de grabar su nombre en la historia con letras más grandes que las de un anuncio de refresco.
Sobre el joven Gilberto Mora, Aguirre fue directo y paternal: lo definió como un niño valiente que pide la pelota sin miedo, aunque todavía le faltan kilos y minutos para aguantar partidos de alta intensidad. El técnico evitó exigirle más de lo que su edad permite y lo señaló como una de las revelaciones que han devuelto la sonrisa a una afición que llevaba tiempo entre ceja y ceja.
México llega con la confianza recuperada tras tres victorias de fase de grupos y la portería en cero. El ambiente que describe Aguirre parece el de una familia que por fin dejó de discutir durante la cena y ahora solo piensa en el postre. El reto contra el ganador de Congo e Inglaterra promete ser tan exigente como una boda con todos los primos peleados, pero el Tri al menos ya tiene la música de fondo a su favor.