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Internacional

China aprueba la ley “Todos iguales o te jodes”: ahora hasta los uigures tendrán que hablar mandarín como si fueran presentadores de telenovela china

01/07, 11:30:01, 2.png

Pekín acaba de sacar una norma tan sutil como un martillo en la cabeza: la Ley de Promoción de la Unidad Étnica. Según el texto, todo el mundo debe tener la misma identidad nacional, hablar mandarín como si fuera la única lengua decente del planeta y olvidarse de tonterías como ser uigur, tibetano o mongol. Quien se resista, que se prepare para que lo acusen de terrorismo, separatismo o de haber visto demasiadas series en su idioma materno.

La cosa es tan seria que Amnistía Internacional ya ha soltado que esto es asimilación forzada pura y dura, del tipo “o te pareces al chino han dominante o te metemos en un cursillo intensivo de obediencia al Partido Comunista”. Imagina que en España obligaran a todos los catalanes, vascos y gallegos a hablar solo andaluz cerrado y a aplaudir al gobierno cada vez que sale en la tele: pues eso, pero a lo bestia y sin pausas para el café.

El jefe de derechos humanos de la ONU ha pedido que retiren la ley antes de que sea demasiado tarde, mientras los representantes tibetanos y uigures aseguran que ya no pueden ni rezar ni hablar en su casa sin que les caiga una multa por “extremismo religioso”. Taiwán, que China sigue tratando como un hijo rebelde que no quiere volver a casa, ha soltado un “esto es una amenaza” que suena a aviso de que la isla no piensa aprender mandarín por las buenas.

Alemania, por su parte, ha expresado “gran preocupación” porque la norma puede acabar con las lenguas minoritarias más rápido que un programa de cocina con fuego real. Mientras tanto, el gobierno chino responde que todo va bien, que la unidad es preciosa y que quien no esté de acuerdo es que no ha entendido lo bonito que es ser todos iguales… aunque sea a la fuerza y con grilletes ideológicos.

Al final, la ley deja claro que en China hay sitio para 55 minorías étnicas siempre que se comporten como si fueran figurantes de una misma serie del Partido. Quien no quiera el papel, que se busque otro país… o que se prepare para que le cambien el guion a golpes de reglamento. Como diría cualquier abuelo español: “hijo, si te obligan a ser igual que todos, al menos que te paguen como a los protagonistas”.