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Internacional

Suiza y México: 80 años de diplomacia, chocolates neutrales y quesos que salvan rupturas con Ecuador

01/07, 11:30:01, 5.png

Con ocho décadas de relaciones que huelen más a fondue que a política seria, el embajador suizo en México presume de que ambos países comparten una “genética diplomática” para construir puentes y evitar que la cosa se ponga a gritos. Claro, mientras México sigue siendo el principal socio comercial de Suiza en Latinoamérica y unas 400 empresas helvéticas invierten 10.000 millones de dólares en el país, todo parece un matrimonio de conveniencia donde uno aporta relojes de precisión y el otro tacos que saben a gloria.

El diplomático jura que colaboran en la ONU y en foros donde se defiende el “derecho del más débil” frente a los que prefieren el puñetazo directo. O sea, como cuando dos cuñados discuten en una comida familiar y uno de ellos hace de mediador para que no acaben tirándose los vasos de tequila. Ahora Suiza actúa como “potencia protectora” de los intereses mexicanos ante Ecuador tras la ruptura de relaciones. Traducido: cuando dos países dejan de hablarse como ex que se odian, llega el suizo con su chocolate y su reloj para pasar recados por debajo de la puerta. Nada de mediar, solo de hacer de cartero educado.

La inversión va viento en popa, con empresas que llevan casi un siglo en México apostando a que el país siga integrado en Norteamérica. Nada de especulación barata, sino transferencia de conocimiento y cadenas de valor, como quien dice “te vendo el reloj pero también te explico cómo funciona para que no lo rompas”. El comercio de bienes ya ronda los 5.000 millones de francos suizos, una cifra que suena a lotería ganada pero sin que te toque el gordo completo.

Y como guinda, el embajador menciona que el deporte acerca pueblos y que muchos suizos irán al Mundial en Estados Unidos pero después se pasarán por México a comer y a ver si abren un vuelo directo Zúrich-Ciudad de México. Porque nada une más que un buen partido y una indigestión de mole después.

Al final, la relación parece más sólida que un reloj suizo, aunque siempre queda la duda de si el queso fundido aguantará cuando las cosas se pongan serias. Como diría cualquier abuelo español: “hijo, si te toca ser potencia protectora entre dos que se odian, al menos que te paguen en chocolate y no en promesas”.