Nueva York. La Asamblea General de la ONU aprobó una norma tan práctica como un portazo en las narices: los países que no estén al día con sus cuotas ya no podrán reclamar la devolución de fondos sin gastar. Antonio Guterres lo celebró como si hubiera ganado la lotería navideña, diciendo que esto salvará a su sucesor de tener que devolver dinero que ni siquiera había llegado. El presupuesto de 3.400 millones de dólares para 2026 ya viene recortado, y los dos que más aportan, Estados Unidos y China, suelen pagar tarde como el cuñado que siempre “te lo debo la próxima”.
La medida es clara: solo quien pague puntualmente podrá pedir reembolso. El resto, que se aguante. Guterres ya había avisado en enero que la organización se iba a pique si seguían sin soltar la pasta. Ahora, con esta regla, la ONU intenta evitar que parezca un bar donde los clientes piden la cuenta pero nunca pagan la ronda.
Al final, la diplomacia multilateral se reduce a lo mismo que en cualquier familia hispana: el que no aporta no tiene derecho a quejarse cuando las sobras se quedan en la nevera. Como diría cualquier abuelo español: “hijo, si no pagas la cuota, ni se te ocurra pedir el cambio, que aquí el que no pone no cobra”.