Washington. El gobierno de Donald Trump ha salido a aplaudir a Keiko Fujimori tras su victoria por un suspiro (50,13 % contra 49,86 %) como si acabara de ganar la final de la Champions. La Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental soltó un comunicado donde dice que Estados Unidos quiere “profundizar la larga colaboración” y construir un futuro “más seguro, más sólido y más próspero”. O sea, el típico mensaje de “enhorabuena, ahora a trabajar juntos para que no se nos desmadre todo”.
El embajador Bernie Navarro, hablando en nombre de Trump, añadió que esperan seguir “en estrecha colaboración” en seguridad regional, comercio y prosperidad de los pueblos. Traducido al cristiano: “nos cae bien que hayas ganado, aunque sea por los pelos, porque necesitamos aliados que no nos den dolores de cabeza en la frontera sur”.
Keiko, que ya prometió sanar heridas y traer orden tras ocho presidentes en diez años, recibe ahora el visto bueno yanqui justo cuando el fujimorismo vuelve al poder más de dos décadas después. El detalle irónico es que el mismo Trump que antes criticaba a medio mundo ahora celebra a la hija del expresidente que dividió al Perú como un partido de clásico.
Al final, la diplomacia parece más un grupo de WhatsApp familiar donde todos se felicitan aunque sepan que la reunión va a acabar en gritos. Como diría cualquier abuelo español: “hija, si te felicitan por ganar por un pelo, al menos que te inviten a la primera ronda antes de que te pidan favores”.