Claudia Sheinbaum anunció que el presidente de Suiza, Guy Parmelin, llegará la próxima semana, justo cuando Washington decidió no extender el T-MEC por dieciséis años y optó por revisiones anuales hasta 2036. Lejos de alarmarse, la mandataria presentó una agenda internacional que parece una lista de invitados a una fiesta donde México es el centro de atención.
Marcelo Ebrard explicó que el tratado prevé dos caminos y que, ante la negativa estadounidense, se activará el mecanismo de chequeos anuales sin que ningún país haya notificado su salida. Sheinbaum recordó que el acuerdo sigue vigente al menos hasta 2036 y que cualquier intento de abandono requeriría un proceso legislativo complejo en Estados Unidos. Mientras tanto, México actualizó su pacto con la Unión Europea en mayo y mantiene comunicación constante con otros socios.
Además de Parmelin, se espera al presidente de Corea, Lee Jae-myung, en septiembre, y Sheinbaum ya sostuvo una llamada con la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi. Empresarios europeos han visitado el país y el interés por invertir sigue creciendo, tanto de extranjeros como de mexicanos. La estrategia consiste en resolver asuntos pendientes cada año y, si hay consenso, extender el tratado completo más adelante. La turbina que cruza la frontera nueve veces y los semiconductores que ya se fabrican aquí demuestran que la integración productiva no se deshace con revisiones anuales.
Al final, revisar el T-MEC cada doce meses parece más un ritual burocrático que una amenaza real. México sigue recibiendo visitas mientras otros cuentan aranceles.