En la mañanera del 2 de julio, Marcelo Ebrard explicó que la mayor incertidumbre habría surgido si Estados Unidos abandonara el T-MEC. En cambio, el tratado permanece vigente hasta 2036 con revisiones anuales, lo que elimina la duda sobre su continuidad entre los tres países. La estrategia mexicana consiste en usar este periodo para aumentar la producción de materiales en América del Norte y atraer inversión extranjera durante la próxima década.
La presidenta Claudia Sheinbaum respaldó la postura al señalar que existe certidumbre porque las inversiones ya están llegando. Ebrard destacó que el acuerdo sigue operando sin cambios y que el primer encuentro bilateral con la delegación estadounidense ocurrirá el 20 de julio para definir el calendario y metodología de las revisiones. Más del ochenta por ciento de las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos continúa sin aranceles, y el sector automotriz mantiene mecanismos de descuento según el contenido regional.
El objetivo compartido con Washington y Ottawa es reducir la dependencia de insumos asiáticos en farmacéuticos y semiconductores. Mientras tanto, los centros de datos y las plantas de semiconductores que ya se instalan en el país demuestran que la integración productiva avanza pese a los chequeos anuales. Canadá también reafirmó su respaldo al tratado y a su eventual renovación.
Al final, revisar el T-MEC cada doce meses parece más un ritual burocrático que una amenaza real. México sigue recibiendo visitas mientras otros cuentan aranceles.