El presidente de Suiza, Guy Parmelin, aterrizó este lunes en el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles acompañado de su esposa Caroline Merotto, como si estuviera de vacaciones en Cancún pero sin el tequila. Lo recibió el canciller Roberto Velasco, que seguramente le explicó que aquí no hay relojes que funcionen con precisión suiza, sino que todo se resuelve con “ahorita”.
Durante su visita oficial, Parmelin se reunirá el próximo miércoles 8 de julio con la presidenta Claudia Sheinbaum para hablar de negocios, comercio y quién sabe qué más. La jefa del Ejecutivo ya lo había adelantado el 2 de julio, como quien anuncia que va a cenar con el vecino del quinto porque necesita que le preste la aspiradora.
La idea es profundizar los vínculos económicos entre ambos países, aunque Suiza es famosa por sus bancos secretos y México por sus tacos al pastor. Imagínense la conversación: “¿Quieres que te guarde tu dinero en una cuenta numerada?” responde Sheinbaum: “Primero dime si traes chocolate y relojes de regalo, porque aquí el trueque sigue vigente”.
En resumen: un mandatario neutral que llega a un país donde la neutralidad es un mito, una comitiva que parece salida de una película de espías con acento suizo, y la promesa de que algo saldrá de todo esto… probablemente más quesos y menos corrupción. Parmelin, por su parte, ya debe estar calculando cuántos relojes le van a pedir de propina antes de volver a los Alpes.