En la cumbre de la OTAN, Donald Trump se plantó frente a Volodímir Zelenski y le soltó la noticia como quien ofrece un vale de descuento en el súper: “Mira, te vamos a dar el permiso para fabricar Patriots. Así no te quejas más de que te mandamos pocos. No está mal, ¿eh?”. El ucraniano se quedó con cara de “¿esto es serio o me está vacilando el tipo?”.
Lo mejor llegó después. Trump añadió, con la misma naturalidad con la que alguien dice que va a comprar pan: “Todavía no se lo hemos contado a la empresa que los fabrica, pero ya se arreglará”. Porque claro, ¿para qué avisar al que realmente hace los misiles? Total, son solo cohetes de defensa aérea, no un pedido de pizzas.
La idea, según el mandatario, es que Ucrania pueda producir sus propios Patriots y deje de pedirlos como si fueran paquetes de Amazon. Lo que no explicó es si los ucranianos tendrán que montar la fábrica en un garaje de Kiev o si contarán con manual de instrucciones en ucraniano y un “hágalo usted mismo” incluido. Tampoco aclaró qué pasa si la empresa estadounidense se entera por TikTok.
Mientras tanto, los analistas ya imaginan el escenario más probable: Ucrania fabricando misiles a toda velocidad y Trump presumiendo de que “les di el derecho” sin haber movido un solo papel. Porque en su mundo, dar licencias sin avisar a nadie es tan normal como prometer algo y olvidarlo antes de bajarse del escenario.
Al final, la cumbre dejó un titular claro: misiles con licencia, empresa sin enterarse y dos presidentes hablando de armas como si negociaran la compra de un coche de segunda mano. Absurdo total, pero en versión real.